Empecé caminando poco a poco mientras sacaba a pasear a mi perrito, y hoy, por fin, me subí a la bicicleta. Aún me falta regresar a mi clase de yoga, pero me sentí emocionada.
No entrené como antes de lesionarme. Fui generosa y consciente con mi cuerpo, sin exigirle más de lo que podía dar.
Mientras me tomaba esta foto, recordé una frase que decía una de mis mentoras: “No empiezo de nuevo, me anclo más fuerte”.
Y es que aquello que me hace bien, aquello que disfruto y que aporta valor a mi vida, no lo abandono; me aferro aún más a ello.
Así es la vida. Así adquirimos nuevos hábitos. Así crecemos, mejoramos y hacemos que nuestra vida sea más emocionante al vivirla.
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