Yo sí. Muchas veces. Y hoy, especialmente, me siento así.
Haber trabajado tanto, haber hecho hasta lo imposible para que algo resultara y, al final, tener que decirle adiós a ese sueño.
¿Por qué?
Tal vez porque aún no era el momento. O quizá porque ese camino no era para mí. O porque existe algo mucho mejor esperándome. Quisiera creer que así es.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde… pero ¿cómo mantenerla viva después de una caída?
No tengo todas las respuestas.
Lo único que se me ocurre en este momento es agradecer.
Agradecer porque ese sueño llegó a mi vida. Porque, mientras lo tuve, fui feliz. Porque me regaló ilusión, propósito y la oportunidad de descubrir una parte de mí que no conocía.
Me ayudó a ver con claridad qué es lo que realmente disfruto y qué es lo que puedo aportar a los demás. Me desafió, me hizo crecer y me recordó que tengo las capacidades para lograr aquello que me propongo.
Pero también me enseñó que no todo sucede cuando nosotros lo queremos. Hay sueños que necesitan esperar y otros que nos preparan para algo aún mayor.
Así es la vida. Nos regala momentos de inmensa felicidad, pero también momentos difíciles que nos invitan a respirar hondo, levantarnos y dar el siguiente paso.
Hoy elijo creer que ningún esfuerzo fue en vano. Que todo lo vivido me transformó y que, de una u otra manera, este también será el comienzo de algo bueno. 🤍✨
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